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A
la hora de estudiar los cambios recientes en los comportamientos
humanos, la expresión "revolución sexual"
es un lugar común. Ocurre como cuando nos referimos a la
revolución industrial para entender los grandes cambios sociales
de los últimos doscientos años: sabemos a qué
se refiere pero no disponemos de esquemas analíticos lo suficientemente
aceptados por la jerga de la calle como para discernir sus elementos
constitutivos. Por ello los expertos en sociología industrial,
de la empresa o del trabajo, hablan más propiamente de tres
revoluciones industriales: la productiva, la técnica, y la
informática. Nosotros al hablar de sexualidad tendremos que
hacer lo mismo con la idea de dotarnos de elementos de análisis
que nos ayuden a entender mejor la realidad. No es que la realidad
esté en sí mismo dividida, pero la distinción
y diferenciación entre las tres revoluciones sexuales que
explicamos a continuación nos sirve para entender mejor el
proceso de cambio social que ha tenido lugar en los últimos
50 años.
Una revolución es un proceso acelerado de cambio concentrado
en el tiempo. La revolución más profunda y estudiada
hasta la fecha ha sido la revolución industrial. Sin embargo
estamos ahora inmersos en un proceso revolucionario todavía
más importante si cabe. Al hablar de revolución sexual
nos estamos refiriendo al mayor cambio en los estilos de vida de
la gente que ha tenido lugar en la historia conocida. Por ello,
el tema que tratamos aquí es de primordial importancia para
los que nos dedicamos a facilitar la tarea de entender la realidad
social. En este sentido en España estamos de suerte pues
nos encontramos en un laboratorio social con caja de resonancia
de primerísimo nivel: en pocos lugares conocidos el proceso
de cambio al que nos estamos refiriendo se ha producido tan nítida
y rápidamente ante nuestros ojos.
Los estudiosos de la revolución industrial, para entender
y hacer entender un proceso tan complejo, dividían el fenómeno
y hablaban de una primera, de una segunda, y de una tercera revolución
industrial, que vendrían representadas respectivamente por
la máquina de vapor, la organización industrial de
la producción, y el ordenador. Aquí hacemos lo mismo
con la revolución sexual y hablaremos de tres revoluciones
para tratar así de entender mejor los cambios y apreciar
el proceso en toda su complejidad. El siglo XX empieza con una gran
revolución, la industrial, y acaba con otra, la sexual. El
cambio ha sido y es espectacular. La revolución sexual está,
sin embargo, poco estudiada. Por eso para entender qué es
lo que ha pasado y está pasando y las implicaciones de las
nuevas actitudes respecto a la procreación humana aparecidas
en la segunda mitad del siglo XX, trataremos de acompañar
la descripción analítica de las tres revoluciones
sexuales con unas palabras clave y una datación concreta.
Recordamos, sin embargo, que la distinción es una necesidad
explicativa. Hablamos de un mismo proceso, simultáneo e interrelacionado,
que separamos y diseccionamos para entenderlo mejor.
La primera revolución sexual es la consecuencia social del
desarrollo de la farmacología contraceptiva que se implanta
a finales de los años 60 y que de hecho divide la sexualidad
en dos campos estancos. Por un lado está la capacidad de
engendrar, y por otro, completamente separado, la capacidad de gozar
de placeres específicos. Separamos sexo y procreación.
Esto, en definitiva, supone un punto de partida nuevo en la historia
de la sexualidad y de la cultura de los comportamientos: ya nada
es como ha sido desde el principio. La palabra clave aquí
es "píldora". La píldora anticonceptiva
es de hecho el invento técnico que de manera más radical
ha cambiado la vida de las personas desde que tenemos memoria histórica.
La segunda revolución sexual se inicia, como muy bien muestra
el famoso Janus Report de 1993, en los años 80, y supone
la aceptación paulatina y el reconocimiento de comportamientos
catalogados como "desviados" desde tiempo inmemorial.
La palabra clave aquí es "homosexualidad", aunque
no nos refiramos exclusivamente a ello. El hecho más singular
de esta segunda revolución es la paulatina aceptación
social de las relaciones homosexuales, pero en general podemos referirnos
a la comprensión más o menos generalizada del sexo
como algo que pertenece en exclusiva al que lo tiene y que puede
hacer con ello lo que quiera. Razón o sinrazón por
la cual se implementan medidas legales cada vez menos definidoras
como el derecho a las operaciones de cambio de sexo dentro de la
sanidad pública en algunos países.
La tercera revolución sexual tiene lugar con el cambio de
siglo. Este tercer paso abre ciertamente unas perspectivas inimaginables
hace solo unos años. Nosotros podemos atisbar aquí
un posible fin del sexo. La palabra clave aquí es "reprogenética".
Con las nuevas tecnologías genéticas aplicadas a la
reproducción humana, nos referimos específicamente
al dominio efectivo de dos procesos: el de la clonación y
el del placer sexual. La fecundación in vitro fue el prólogo
de la clonación y la clonación es el adiós
a la ma/paternidad. Con el dominio de la técnica el mercado
se hace cargo de la reproducción social (la reprogenética)
y el laboratorio sustituye a la cama de matrimonio. Las características
de la prole serán diseñadas en un laboratorio y encarnadas
sin sexo: recuérdese que Dolly, la oveja clónica,
nace del concurso de tres ovejas hembras solo. Y el placer, por
otro lado, puede procurarse también sin sexo. Los mecanismos
artificiales de excitación sexual son ya lo suficientemente
sofisticados como para gozar solo y sin compañía,
bien a través de viagras virtuales o bien a través
de la perfección de técnicas hipnóticas o nerviosas
que envíen artificialmente al cerebro los mismos impulsos
que envía el coito.
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