El programa SABE

 - El Reto de educar la sexualidad
Los contenidos del Programa S.A.B.E (Sexualidad Adolescente Básica para Educadores) del IVAF responden a dos importantes retos en la formación de la juventud. Nuestro programa responde a las necesidades coyunturales, muy de nuestro tiempo, de innovación pedagógica en una cultura educativa que se proclama neutra y que, como consecuencia, es muy remisa a la hora de transmitir valores y de inducir comportamientos virtuosos y sanos. También responde a las necesidades personales que cada vez se descubren con más nitidez en los jóvenes de hoy, que buscan autenticidad y solidaridad, y que rechazan la hipocresía y el egoísmo. En la medida en que se reconoce el derecho de los jóvenes a estar informados y su derecho a discernir las virtudes, la ciencia está llamada, como dijo Einstein, a no ocultarles nada de lo que se conoce como verdadero. Aunque alguien piense que ciertas mentiras deben mantenerse por piadosas, o que tales verdades deben ocultarse por corrección, la ciencia debe proclamar su integridad y ofrecerse para satisfacer el derecho de saber de la juventud moderna. Estos derechos de los jóvenes se corresponden con los deberes que detentan los padres, educadores, y la sociedad, para procurar a toda la juventud una educación del carácter y una formación en valores. El programa que ahora presentamos reconoce estos deberes y derechos. Nuestro programa tiene muy en cuenta, de todos modos, que la cultura contemporánea padece unas connotaciones hedonistas en las que no ha sido en absoluto ajeno el impacto de la revolución sexual.

 - La revolución sexual
A la hora de estudiar los cambios recientes en los comportamientos humanos, la expresión "revolución sexual" es un lugar común. Ocurre como cuando nos referimos a la revolución industrial para entender los grandes cambios sociales de los últimos doscientos años: sabemos a qué se refiere pero no disponemos de esquemas analíticos lo suficientemente aceptados por la jerga de la calle como para discernir sus elementos constitutivos. Por ello los expertos en sociología industrial, de la empresa o del trabajo, hablan más propiamente de tres revoluciones industriales: la productiva, la técnica, y la informática. Nosotros al hablar de sexualidad tendremos que hacer lo mismo con la idea de dotarnos de elementos de análisis que nos ayuden a entender mejor la realidad. No es que la realidad esté en sí mismo dividida, pero la distinción y diferenciación entre las tres revoluciones sexuales que explicamos a continuación nos sirve para entender mejor el proceso de cambio social que ha tenido lugar en los últimos 50 años.

Una revolución es un proceso acelerado de cambio concentrado en el tiempo. La revolución más profunda y estudiada hasta la fecha ha sido la revolución industrial. Sin embargo estamos ahora inmersos en un proceso revolucionario todavía más importante si cabe. Al hablar de revolución sexual nos estamos refiriendo al mayor cambio en los estilos de vida de la gente que ha tenido lugar en la historia conocida. Por ello, el tema que tratamos aquí es de primordial importancia para los que nos dedicamos a facilitar la tarea de entender la realidad social. En este sentido en España estamos de suerte pues nos encontramos en un laboratorio social con caja de resonancia de primerísimo nivel: en pocos lugares conocidos el proceso de cambio al que nos estamos refiriendo se ha producido tan nítida y rápidamente ante nuestros ojos.

Los estudiosos de la revolución industrial, para entender y hacer entender un proceso tan complejo, dividían el fenómeno y hablaban de una primera, de una segunda, y de una tercera revolución industrial, que vendrían representadas respectivamente por la máquina de vapor, la organización industrial de la producción, y el ordenador. Aquí hacemos lo mismo con la revolución sexual y hablaremos de tres revoluciones para tratar así de entender mejor los cambios y apreciar el proceso en toda su complejidad. El siglo XX empieza con una gran revolución, la industrial, y acaba con otra, la sexual. El cambio ha sido y es espectacular. La revolución sexual está, sin embargo, poco estudiada. Por eso para entender qué es lo que ha pasado y está pasando y las implicaciones de las nuevas actitudes respecto a la procreación humana aparecidas en la segunda mitad del siglo XX, trataremos de acompañar la descripción analítica de las tres revoluciones sexuales con unas palabras clave y una datación concreta. Recordamos, sin embargo, que la distinción es una necesidad explicativa. Hablamos de un mismo proceso, simultáneo e interrelacionado, que separamos y diseccionamos para entenderlo mejor.

La primera revolución sexual es la consecuencia social del desarrollo de la farmacología contraceptiva que se implanta a finales de los años 60 y que de hecho divide la sexualidad en dos campos estancos. Por un lado está la capacidad de engendrar, y por otro, completamente separado, la capacidad de gozar de placeres específicos. Separamos sexo y procreación. Esto, en definitiva, supone un punto de partida nuevo en la historia de la sexualidad y de la cultura de los comportamientos: ya nada es como ha sido desde el principio. La palabra clave aquí es "píldora". La píldora anticonceptiva es de hecho el invento técnico que de manera más radical ha cambiado la vida de las personas desde que tenemos memoria histórica.

La segunda revolución sexual se inicia, como muy bien muestra el famoso Janus Report de 1993, en los años 80, y supone la aceptación paulatina y el reconocimiento de comportamientos catalogados como "desviados" desde tiempo inmemorial. La palabra clave aquí es "homosexualidad", aunque no nos refiramos exclusivamente a ello. El hecho más singular de esta segunda revolución es la paulatina aceptación social de las relaciones homosexuales, pero en general podemos referirnos a la comprensión más o menos generalizada del sexo como algo que pertenece en exclusiva al que lo tiene y que puede hacer con ello lo que quiera. Razón o sinrazón por la cual se implementan medidas legales cada vez menos definidoras como el derecho a las operaciones de cambio de sexo dentro de la sanidad pública en algunos países.

La tercera revolución sexual tiene lugar con el cambio de siglo. Este tercer paso abre ciertamente unas perspectivas inimaginables hace solo unos años. Nosotros podemos atisbar aquí un posible fin del sexo. La palabra clave aquí es "reprogenética". Con las nuevas tecnologías genéticas aplicadas a la reproducción humana, nos referimos específicamente al dominio efectivo de dos procesos: el de la clonación y el del placer sexual. La fecundación in vitro fue el prólogo de la clonación y la clonación es el adiós a la ma/paternidad. Con el dominio de la técnica el mercado se hace cargo de la reproducción social (la reprogenética) y el laboratorio sustituye a la cama de matrimonio. Las características de la prole serán diseñadas en un laboratorio y encarnadas sin sexo: recuérdese que Dolly, la oveja clónica, nace del concurso de tres ovejas hembras solo. Y el placer, por otro lado, puede procurarse también sin sexo. Los mecanismos artificiales de excitación sexual son ya lo suficientemente sofisticados como para gozar solo y sin compañía, bien a través de viagras virtuales o bien a través de la perfección de técnicas hipnóticas o nerviosas que envíen artificialmente al cerebro los mismos impulsos que envía el coito.

 - Un deber de justicia
Estas tres revoluciones que, como hemos dicho, marcan el cambio más importante operado en la historia de la humanidad por lo que se refiere a los estilos de vida de la gente, paradójicamente están huérfanas de estudio. Consecuentemente, la sexualidad, que debería de constituir uno de los pilares formativos del sistema educativo, se trata en las escuelas, colegios y en la universidad solo marginalmente y a menudo de manera harto frívola y, en nuestro país, además, peligrosamente, como veremos aquí.

El entendimiento de la sexualidad compartida como un genuino medio de comunicación social es una de las características principales del programa S.A.B.E.. Y es que ello, que es importantísimo, pasa lamentablemente desapercibido, cosa que no nos sorprende dada la marginación y la sospecha con que se mira a la sexualidad en muchos foros. El problema es que si no se entiende al sexo como medio de comunicación, difícilmente se puede comprender yaceptar su carácter normativo.

Las normas sexuales se justifican en la medida en que se vea el sexo como lo que es: un acto social. Todos los actos sociales son socialmente legitimables en base a una normatividad implícita en el amparo social. Manifiestamente esto se ve nítido cuando nos referimos a los medios de comunicación. El lenguaje, el más claro de todos, tiene su normativa; pero también el vestido o los medios más bárbaros como las guerras. Sin gramática ni ortografía ni acuerdos ni justicia para genocidas, no habría convivencia. Las normas, que no solo la ley, hacen posible la comunicación, o sea la referencia a los demás y la incorporación de una o uno a la sociedad y de la sociedad a uno.

Entender el sexo como comunicación entre iguales excluye el individualismo, o sea, el sexo como manifestación de dominio del otro o como remedio patológico del rechazo social. En cambio, incluye algo que en nuestra sociedad se ha ido devaluando paulatinamente hasta casi su desaparición: el tiempo.

Efectivamente, el sexo es comunicación tanto sincrónica (en el tiempo) como diacrónicamente (a través del tiempo). El hecho comunicativo sincrónico por excelencia de carácter sexual es la familia y la división que se da en la relación de parentesco que se tiene con los familiares y que no se tiene con los que no son familiares. Así, el sexo de mis padres me comunica a mi con mis hermanos de una manera muy especial. Por otro lado, el hecho comunicativo diacrónico por excelencia de carácter sexual es la sucesión de generaciones. El paso del testigo social de una generación a la siguiente lo posibilita en primer lugar la sexualidad. Esto es de capital importancia. Ello explica, entre otras razones y como veremos a lo largo del curso, el carácter normativo de la sexualidad.

Algunos profesores universitarios del viejo mundo, al inicio de curso académico y al dar la bienvenida al alumnado de primero, se ven en la obligación de dar las gracias. Efectivamente, las alumnas y los alumnos, hacen ver al profesor la jubilación con cierto optimismo: ellas y ellos le pagarán la pensión. Inmediatamente después y ante la perplejidad del público en general, esos mismos profesores dan el pésame. Sus alumnos no tendrán quién les pague una pensión si esto sigue como va. Obviamente aquí hay falta de comunicación diacrónica entre dos generaciones sociales sucesivas.

Pues bien, la diacronía se viene irresponsablemente divorciando del sexo en estos últimos años y ello tiene un elevado coste social. Nuestra cultura tiende a mirar al otro lado con casi todas las acciones de efectos diferidos (el uso de la energía nuclear es quizá el ejemplo más dramático). Ello está afectando también a la sexualidad en la medida en que los nueve meses de la gestación o las secuelas de una enfermedad o de un trauma sexual se consideran desligados de un acto que ahora está difícilmente contextualizado en el tiempo.

 - Educar para vivir

Por esto nosotros defendemos en este programa que la incorporación de la sexualidad a la vida relacional que es la sociedad en su doble vertiente sincrónica y diacrónica supone aceptar las normas que ello conlleva. El sexo es normativo: como el lenguaje, el tráfico, la guerra, la moda, los horarios, las fiestas, el mercado, el deporte, etc. Una o uno no puede hacer con su sexo lo que quiera si quiere al mismo tiempo relacionarse con y a través de él. Es en este sentido en el que, una conducta sexual irresponsable se salta las reglas de modo análogo a como se salta las reglas la que se salta un semáforo en rojo o el que construye las frases al revés.

Si nos referimos específicamente al caso español, cuando hablamos de sexualidad en España hemos de recurrir al famoso lema “Spain is different”. Esto no es un tópico: es verdad estadísticamente hablando. Veamos algunos ejemplos. Las españolas son las personas con más esperanza de vida del mundo si contamos a partir del nacimiento. España es el país del mundo con más donantes de órganos y el tercero en transplantes. España es el país de la OCDE con mayor equidad generacional con respecto a sus mayores (no hay país con menos gente mayor de 65 años viviendo sola). España es uno de los países con menor nivel de suicidios. Pero, al mismo tiempo, en España, las cifras oficiales de abortos (90.000) superan las de la mayor causa de muerte (50.000 para las enfermedades cerebrovasculares). España es el único país civilizado (?) en el que el SIDA es la primera causa de muerte para los comprendidos entre 29 y 39 años. España es el país del mundo en el que menos niños nacen, donde la maternidad es, estadísticamente hablando, una curiosidad biológica, y donde , además, 1 de cada 4 niños nacen fuera del matrimonio. El principal ámbito de muerte en España es el intrauterino. España es, por último, el país de la unión europea que menos protección brinda a la maternidad y donde las diferencias laborales entre hombres y mujeres son más acusadas.

De todo esto podemos sacar una conclusión rápida. Hay muchas cosas en las que España va bien. España va mal, por otro lado y sobre todo, en los aspectos sociales que tienen una más directa relación con el sexo y con la diferenciación sexual. Es esta una demostración palmaria de que en este país no hemos digerido todavía la revolución sexual; de que la deseducación sexual ha producido las mayores disfunciones sociales que somos capaces de observar estadísticamente; y de que urge cambiar de rumbo y de tripulación por lo que se refiere a los que han diseñado hasta ahora los programas de educación sexual de adolescentes: cuando los errores de planificación producen víctimas mortales no ha lugar a una segunda oportunidad. Esta experiencia es, por supuesto, válida para otros países, especialmente aquellos en los que se intenta copiar modelos foráneos de educación o higiene sexual.

Las alternativas a estos modelos, sin embargo, no han de buscarse con prisa en base a la reacción visceral. El estudio y la comprensión del entorno cultural en que se vive son piezas básicas de cualquier diseño educativo. Aún así, la ciencia incluye una metodología que contempla la experiencia. Hora es que en base al sosiego que procura la búsqueda de conocimiento y en base a los datos de experimentación que suministra la vida social se mejoren las propuestas educativas sobre sexualidad para adolescentes.

El programa S.A.B.E. del IVAF viene en este contexto cultural moderno al que nos hemos referido a suponer al mismo tiempo una alternativa y una renovación importante.


 - Nuestro ideario


Nuestro ideario, plasmado en el desarrollo del programa, se puede resumir en las siguientes premisas:

1.- En cuanto a los lemas, y frente al hedonista motete “sexo seguro”, que ha fomentado la temprana iniciación sexual de la juventud en este y en otros países, nuestro programa apuesta por el “sexo responsable”. Creemos que es el lema más adecuado para facilitar una educación de la sexualidad acorde con las demandas y esperanzas de salud y plenitud que cabe esperar de cualquier adolescente.

2.- En cuanto a las características que conforman la relación sexual humana, nuestro programa reconoce que la sociedad demanda y supone en esta relación: responsabilidad, razonabilidad y madurez para todos los que en uso de su libertad deciden ejercer su capacidad procreativa. Ello supone una oferta educativa integral y no simplemente una política educativa de carácter paliativo orientada a la prevención sanitaria.

3.- En cuanto a las consideraciones que deben primar en la elaboración de un programa de educación sexual para adolescentes se separan por este orden: a) ciencia, b) prudencia, y c) continencia. Estas tres consideraciones están en la base de nuestro programa y resumen su aplicación y los objetivos que propone para la tarea del educador y maestro de adolescentes.