"La
homosexualidad a la luz Genética"
"La homosexualidad a la luz de la Genética".
Nicolás Jouve de la Barreda Catedrático de Genética Departamento
de Biología Celular y GenéticaCampus Universitario Universidad
de Alcalá de Henares 28871-Alcalá de Henares (Madrid)
Introducción
El tema del posible determinismo genético de la homosexualidad, no puede
desligarse del trasfondo moral que conlleva. La perspectiva moral de este rasgo
del comportamiento humano sería muy distinta de tratarse de una opción
voluntariamente aceptada, sin una base genética demostrada, que de tratarse
de un comportamiento inevitable dependiente de un condicionamiento congénito.
Sí los comportamientos de gays y lesbianas se deben a una tendencia genética
a la homosexualidad, la presión social o la discriminación en
su contra estaría menos justificada. Por ello, es necesario comenzar
diciendo que en este caso es más preciso aún, si cabe decirlo,
un rigor en la demostración empírica de la existencia de una base
hereditaria.
Pero inmediatamente hay que señalar que la base genética de este
tipo de caracteres del comportamiento humano, como de cualquier otro de la personalidad
y de la propia inteligencia son de los más difíciles de estudiar
en Genética, por dos motivos fundamentales: por las dificultades propias
de la metodología analítica de las dos ramas de la genética
implicadas, la Genética del Comportamiento y la Genética Cuantitativa,
y por la propia dificultad de los análisis genéticos en el hombre,
especie en la que por obvias razones morales no puede llevarse a cabo un análisis
formal mendeliano basado en cruzamientos dirigidos, ni un análisis de
respuesta a una selección artificial, o la obtención de líneas
puras, que suelen ser los métodos habituales que permiten desvelar el
determinismo genético de cualquier carácter de conducta en las
especies animales.
La Genética Cuantitativa, se encarga del análisis de los sistemas
multigénicos o poligénicos, que consisten en sistemas de muchos
genes, normalmente repartidos por el genoma y cuyos efectos individuales son
muy pequeños, de modo que es la combinación aditiva de muchos
de ellos la que contribuirá en mayor o menor medida a la manifestación
del carácter. Pero además, por la propia naturaleza cuantitativa
de estos caracteres en su manifestación influye de manera importante
el ambiente, tanto el fisiológico interno, como el externo. De este modo
supuesto un determinismo genético cuantitativo de un carácter
a analizar, como podría ser el comportamiento homosexual, se trataría
de desbrozar el carácter para desvelar que parte de la expresión
fenotípica se debe a la componente genética, cual a la componente
ambiental, y cual a una posible interacción genotipo-ambiente.
La casuística que en el caso de la homosexualidad interesaría
conocer estaría relacionada con el conocimiento de la parte de variación
fenotípica que se debe al genotipo, en distinción de la que se
debe al ambiente, bien entendido que por el genotipo entenderíamos, no
un gen o unos pocos genes, sino múltiples sistemas de pequeño
efecto individual, salvo que se demuestre la existencia de un gen "mayor"
decidídamente implicado. Por su parte, por influencia del ambiente en
un carácter de comportamiento humano nos estaríamos refiriendo
a las complejas influencias positivas o negativas recibidas durante la educación,
desde el nacimiento, y en particular durante las etapas infantil y adolescente.
Para que nos demos cuenta de las dificultades que encierra este tipo de análisis,
baste decir que un mismo genotipo multigénico puede derivar hacia muy
diferentes manifestaciones fenotípicas, dependiendo de las influencias
ambientales durante las etapas críticas de manifestación del carácter.
Pero también se podría llegar a dar un mismo aspecto fenotípico
a partir de genotipos diferentes. Sencillamente los caracteres cuantitativos
muestran una distribución binomial de manifestaciones fenotipicas, debido
precisamente al efecto ambiental.
La otra rama de la Genética que tendría que ver con los aspectos
de la personalidad es la Genética del Comportamiento, que se ocupa del
análisis del control genético de las acciones de los organismos,
entendiendo como acción cualquier reacción a cualquier estímulo.
Esto incluye todo tipo de reacciones de conducta, que varían en su manifestación
de unos organismos a otros, y que de los más sencillos a los más
complejos serían los tropismos, taxias, reflejos, instintos, aprendizaje
e inteligencia. Los tropismos y taxias estarían entre las respuestas
del más bajo nivel, como consecuencia de estimulos lumínicos,
luz, gravedad o químicos, y se dan en plantas y animales. Los reflejos
son formas sencillas de comportamiento observables en casi todos los animales
dotados de sistema nervioso, en los que un cierto tipo de estímulo provoca
casi invariablemente, con un retraso apenas perceptible, un tipo específico
de respuesta. Los instintos suponen un conjunto elaborado de reflejos sucesivos
que se producen como un todo en respuesta a ciertos estímulos. El aprendizaje,
y en mayor medida la inteligencia son fenómenos específicamente
inherentes a la especie humana, derivados de su capacidad de reflexión
y del análisis racional de los estímulos o situaciones que plantea
el mundo exterior de cada persona. De este modo diríamos que una respuesta
inteligente, como se supone deben ser las que normalmente determinan las conductas
humanas, es la producto en cierta medida de la constitución genética
propia de cada persona, a la que se añade de forma predominante la formación
adquirida a través del ambiente familiar, social y cultural, como determinante
del tipo de respuesta a adoptar libremente. En el caso humano las acciones razonadas
predominan frente a las instintivas y reflejas. Por ello, es imperativo señalar
que en su condición biológica, la evolución ha dotado a
la especie humana de una singularidad que la diferencia de cualquier otra especie
animal. La inteligencia humana permite el razonamiento abstracto, la categorización
y el razonamiento lógico. Somos la única especie que se plantea
su origen y su destino, que es capaz de modelar su entorno, crear sistemas lógicos,
comunicar sus ideas por medio del lenguaje, decidir sobre sus actos, planificar
su propio futuro, modificar el ambiente a su beneficio, explotar a las demás
especies biológicas (microbios, plantas o animales), y enterrar a sus
muertos.
También es importante tener en cuenta la ambigüedad de los caracteres
del comportamiento a estudiar, la distancia entre el fenotipo (pauta de comportamiento)
y el genotipo que lo determina, y la influencia del ambiente en la manifestación
del comportamiento. Esto en el caso que nos ocupa es particularmente importante.
No podemos ignorar el complejo ambiente fisiológico interno ni la influencia
externa durante el desarrollo de la personalidad sí deseamos contestar
a las preguntas ¿qué es la homosexualidad?, ¿qué
influencia tienen los factores fisiológicos intermedios desde el gen
a la manifestación del carácter? , ¿Cómo influye
el ambiente? .
Al tratar el comportamiento homosexual se plantea la cuestión de si existe
alguna base biológica o genética en el trasfondo de tal conducta.
La cuestión es sí la conducta homosexual es innata o aprendida,
o dicho de otra manera sí existe un determinismo genético de la
homosexualidad, o ésta conducta es consecuencia de una influencia externa
durante las etapas críticas del desarrollo de la personalidad.
Conviene indicar que la frecuencia de varones o mujeres homosexuales en las
poblaciones humanas ha sido estimada en un 2% a un 5%, lo cual son valores significativos,
aun cuando no existen estadísticas realmente rigurosas al respecto. También
conviene señalar que los movimientos homosexuales, siguiendo las pautas
marcadas por Kinsey , considerado para muchos como el responsable de la revolución
sexual en EE.UU., proponen sin fundamento el mito del 10%.
Muchos de los estudios biológicos de la homosexualidad están basados
en la teoría de que casi todas las personas son o exclusivamente heterosexuales
o casi exclusivamente homosexuales, que la bisexualidad no es cierta. De acuerdo
con estas ideas la sexualidad sería parecida a la habilidad de cada persona
para manejarse con la mano derecha o con la zurda, siendo raras las personas
ambidextras. Esta teoría está basada en el informe Kinsey que
hizo unas encuestas preguntando a la gente el grado de atracción a miembros
del mismo o de distinto sexo. Este autor estableció una escala de siete
puntos, y encontró que la mayor parte de la gente se agrupaba en el grado
"0" (heterosexual) o en "6" (homosexual) y que había
una escasa muestra en los grados intermedios de "3" o "4".
Según Kinsey los comportamientos humanos en materia sexual se distribuyen
de forma bimodal, en los dos extremos homo- o heterosexual, con escaso margen
de ambigüedad. Los estudios genéticos que más adelante comentaremos
se han basad en esta escala de clasificación, y casi siempre excluyen
los individuos de grado intermedio. Sin embargo, los estudios de Kinsey no han
sido repetidos nunca y podrían mostrar una distribución diferente
ahora que cuando los datos fueron recogidos en 1940, un período en el
que la gente era poco dada a declarar su comportamiento o sus tendencias en
materia sexual.
La influencia externa, educación, cultura, amistades, etc., son sin duda
muy determinantes de la personalidad de un individuo, desde su nacimiento, y
en este contexto es donde debemos situar la emergencia de una condición
homosexual. Sigmund Freud (1905) creyó que la heterosexualidad se hacía
(familia, cultura, sociedad) no nacía. Aunque este eminente psiquiatra
idealizó la heterosexualidad como la más "madura" de
las relaciones humanas, él creía que muchos de nosotros éramos
bisexuales latentes a nivel psicológico. Muchos terapeutas todavía
creen en esto, aunque se nieguen a tratar de convertir a los bisexuales y homosexuales
en heterosexuales.
De acuerdo con la evolución cultural del hombre, que se sobreañade
a la evolución biológica, y de acuerdo con las diferentes normas
morales que se han desarrollado, la sociedad mantiene diferentes posturas frente
a la homosexualidad, calificándola como "delito", "pecado",
"enfermedad", "condición", "forma alternativa
de comportamiento sexual", etc. Para muchos se trata de una condición
irregular de la personalidad, de un trastorno mental, mientras que para otros
no es más que una elección adoptada libremente, fruto de la libertad
humana. El espíritu vanguardista de la sociedad americana, y las presiones
de los grupos sociales interesados, indujo a que en 1980, la American Psychiatric
Association decidiese sacar la homosexualidad del catálogo de enfermedades
mentales, y del Manual de Diagnóstico y Estadísticas de Enfermedades
Mentales, en los EE.UU.
En todo caso, volvemos a la pregunta inicial ¿de no tratarse de un comportamiento
inevitable debido a una tendencia innata genéticamente condicionada,
cuál sería la motivación de la orientación homosexual
en una persona?. De acuerdo con la psiquiatría, los motivos hay que buscarlos
en razones psicobiográficas: inadecuada educación por parte de
los padres, soledad, tristeza, falta de autoestima y autoaceptación personal,
rechazo de los compañeros de escuela, desconfianza, miedo, maltrato sexual
en la infancia y en la adolescencia, narcisismo, fobia social, falta de identificación
con el propio sexo, etc. Todos estos elementos causales afloran en los análisis
psíquicos de las personas que padecen la homosexualidad. De aquí
la gravedad del hecho de la eliminación de la homosexualidad del catálogo
de enfermedades psíquicas, condenando al desamparo a las personas que
lo padecen.
Parece obvio resaltar que la tolerancia o la aceptación moral de la conducta
homosexual es muy dependiente de sí hay una tendencia congénita,
y por tanto determinada genéticamente, o sí por el contrario,
es una opción libremente aceptada como un modo de vida en cualquier caso
irregular y desordenado. Pero debe entenderse que un análisis de la posible
base genética debe abstraerse de todo juicio moral, presión social,
intereses políticos, etc. También debe diferenciarse la "condición"
de homosexual, del ejercicio o el "comportamiento" homosexual. Lo
primero es lamentable, y puede suponer un auténtico calvario para muchos
homosexuales que no se sienten orgullosos de serlo, pero encuentran serias dificultades
para dejarlo. El comportamiento homosexual descalifica moralmente a quien lo
practica.
Estudios neuro-anatómicos
Para entender los estudios genéticos relacionados con el tema conviene
seguir un proceso histórico. A principios de los 90, los investigadores
Laura S Allen y Roger Gorski , en la Universidad de California, en Los Angeles,
publicaron una serie de trabajos sobre el dimorfismo sexual del área
preóptica del cerebro, y más en particular del hipotálamo,
y su relación con el comportamiento sexual. Estos trabajos parecían
demostrar que el tamaño del tercer núcleo de la región
preóptica media del hipotálamo de los varones, también
llamada región intersticial del hipotálamo anterior (INAH-3),
triplica al de las mujeres. Esto indujo al Dr Simon LeVay , un anatomo-neurólogo
que desarrollaba su trabajo en el Salk Institute, en La Jolla (California),
a abordar un estudio comparativo del tamaño de la región INAH-3
de varones heterosexuales y homosexuales. Sus estudios, a priori parecían
demostrar que en efecto la región INAH-3 de 16 varones presumiblemente
heterosexuales duplicaba con creces a la región equivalente de 19 varones
homosexuales.
Los resultados de LeVay causaron bastante revuelo y controversia por sus implicaciones
sociales y científicas. De este modo, la comunidad gay arguye que el
trabajo de LeVay demostraba que la condición homosexual es congénita,
y no adquirida como una opción libre. Los resultados de LeVay fueron
sometidos a un análisis crítico muy fuerte dada su importancia
y la repercusión que este tipo de estudios tienen como condicionante
de la calificación moral de la homosexualidad. De ser cierto que hay
diferencias anatómicas y neurólogicas entre personas heterosexuales
y homosexuales habría que deducir que existe una base genética
y una determinación biológica del comportamiento homosexual.
Una de las críticas más importantes a los trabajos de los autores
anteriores, la llevó a cabo William Byne , director del laboratorio de
neuro-anatomía del Centro Médico de enfermedades psíquicas
Monte Sinai de Nueva York. Sus objeciones se refieren a que el estudio de LeVay
se había realizado en autopsias de varones homosexuales que habían
muerto a causa del SIDA, y que ello podría haber afectado al tamaño
de los núcleos hipotalámicos estudiados. Sin embargo, en un estudio
adicional, LeVay comparó en una "prueba ciega" el INAH-3 de
un varón homosexual no fallecido por SIDA con los de otros varones heterosexuales
de edad parecida, volviendo a encontrar que el volumen del INAH-3 de aquél
era menos de la mitad que el de éstos. En la interpretación de
los resultados LeVay se inclina por pensar que las diferencias estructurales
de los cerebros están presentes desde el nacimiento o, incluso, antes,
contribuyendo así a establecer la orientación sexual del varón.
Sin embargo, admite que cualquier conclusión en este aspecto es todavía
especulativa ya que la respuesta de cada cerebro a los andrógenos supone
unos procesos moleculares complejos que implican la interacción de receptores
y una serie de proteínas desconocidas codificadas por genes aún
no identificados. No hay que olvidar el papel de las hormonas sexuales sobre
el desarrollo del cerebro, mediadas en parte por los neurotransmisores, que
a su vez pueden ser influidos tanto por la constitución genética
como por el ambiente. Al final el desarrollo del cerebro es consecuencia de
una suma de factores diversos, con la intervención interactiva de genes,
hormonas, neurotransmisores y ambiente.
Desde un punto de vista genético, una muestra de un individuo, o dos
docenas de individuos para un estudio de un carácter cuantitativo es
inadmisible e incompatible con un mínimo de rigor en el análisis
que se desee llevar a cabo. Además, de por sí, la región
del cerebro analizada, el núcleo de la región INAH-3, demostraba
la existencia de una gran variación de tamaño. Por otra parte,
como apunta Byne, mucha gente que padece el SIDA sufre una atrofia testicular
antes de morir, y se sabe que las hormonas gonadales regulan el tamaño
del núcleo del hipotálamo en muchos animales, por lo que no puede
excluirse que sea esta la causa de la reducción apreciada en las escasas
muestras analizadas por LeVay.
De cualquier forma estas investigaciones tienen interés y al menos se
les puede conceder el valor de haber dado pié a otras posteriores con
el fin de clarificar la cuestión de sí ¿existe o no una
determinación genética de la homosexualidad? .
Hasta el momento, la mejor aproximación a un fondo biológico,
aunque no necesariamente genético, para la homosexualidad viene de estudios
con animales. De este modo, el propio William Byne, demostró que en machos
de ratas a los que se había suministrado hormonas femeninas durante la
gestación en el seno de su madre, o poco después de nacer, se
desarrollaban comportamientos propios de hembras cuando se les aproximaba a
otros machos (lordosis, espalda curvada). Naturalmente que en este caso existe
un factor biológico causal, como lo es la administración de hormonas,
pero esta no sería una causa natural, sino un agente inductor externo,
cuya evidencia se manifiesta también en los casos de transexualidad mediada
por hormonas. Pero tengamos en cuenta que transexualidad no es lo mismo que
homosexualidad. En este mismo caso, podríamos tal vez incluir algunos
casos de homosexuales descendientes de madres con síndrome del triplo-X
(44+XXX), cuyos hijos varones estarían expuestos a una proporción
mayor de la normal, de hormonas femeninas durante la gestación. Estos
niños podrían desarrollar tendencias afeminadas, aunque no necesariamente
estarían condenados a la homosexualidad. Existen otros estudios con animales.
De este modo, se han encontrado comportamientos de hembra durante el cortejo
sexual por parte de machos de la especie Drosophila melanogaster, la mosca de
la fruta (Gill, 1963) , y hay estudios parecidos con escarabajos del género
Tribolium. La relevancia de estos estudios para el caso del comportamiento humano
es en cualquier caso desconocida y de difícil extrapolación.
Los estudios genéticos
Como ya señalamos, una de las dificultades del análisis genético
del comportamiento de cualquier tipo, se encuentra en poder discriminar entre
el efecto de los genes y la influencia ambiental.
En general se admiten los siguientes criterios para dilucidar sobre la existencia
de base genética en un carácter humano de compleja interpretación:
¿Cuándo un carácter tiene base genética?
· Cuando el carácter se da con más frecuencia entre parientes
relacionados genéticamente que con otros individuos de la población,
· Cuando el carácter es poco frecuente en personas no relacionadas
genéticamente, aun cuando vivan en el mismo ambiente, · Cuando
el carácter aparece a una edad determinada, sin ninguna causa ambiental
aparente que lo produzca,· Cuando el carácter se mantiene durante
tiempo, y no revierte hacia una manifestación opuesta,· Cuando
el carácter varía en frecuencia en diferentes poblaciones, ·
Cuando los gemelos monocigóticos (idénticos) compartan más
a menudo el carácter que los gemelos dicigóticos (fraternos).
En consecuencia, la indagación sobre la base genética de la homosexualidad
debe basarse en resultados de investigaciones rigurosas que demuestren los puntos
anteriores. Lo que se ha hecho hasta el momento trata de demostrar algunos de
estos puntos, Fundamentalmente se basa en dos tipos de planteamientos experimentales
diferentes:
· el análisis de gemelos y genealogías familiares
· el análisis de ligamiento con marcadores moleculares en el ADN
A continuación explicaremos en qué consisten estos intentos de
aproximación experimental, y cuales son las principales conclusiones
de estos trabajos
Estudios con gemelos v genealogías familiares
Para el análisis genético de caracteres cuantitativos en general
y los de comportamiento en particular, y de todos aquellos que estén
sujetos a una posible influencia ambiental, resulta de enorme interés
la utilización de gemelos. Los gemelos pueden ser de dos tipos: dicigóticos
o fraternos (DZ) y monocigóticos o idénticos (MZ). Los primeros
están producidos por una fecundación doble (dos espermatozoides
fecundan a otros tantos óvulos o al óvulo y a un cuerpo polar),
mientras que los segundos se originan por segmentación de un embrión
único.
Los gemelos monocigóticos constituyen la única posibilidad real
de que haya dos personas con la misma identidad genética. Los gemelos
dicigóticos no tienen por qué parecerse entre sí más
que otros dos hermanos cualesquiera, con la única diferencia de que puede
tener su importancia para explicar algunos caracteres, de haber compartido un
ambiente prenatal materno común.
El estudio de un rasgo del comportamiento humano exige hacer una clasificación
que iría desde la ausencia de la manifestación, hasta la presencia,
y en este caso hay que establecer escalas de menor a mayor grado de manifestación.
En el caso de la homosexualidad se recurre a la comparación de los porcentajes
de concordancia o discordancia observados entre pares de gemelos monocigóticos
(CMZ) y dicigóticos (CDZ). De esta manera, se utilizan estos parámetros
para interpretar la influencia del componente genético (elevada concordancia
entre gemelos monocigóticos) sobre el ambiental (parecida concordancia
de los gemelos idénticos y fraternos).
Los primeros estudios son de los años cincuenta, y dejan bastantes dudas
por la finitud de las muestras analizadas y la falta de patrones de comparación
adecuados. De esta manera, Kallman obtuvo los resultados que aparecen en la
siguiente Tabla.
Nº de parejas Concordancia(severidad 5-6)* Concordancia
(severidad 1-4) Discordancia
MZ 44 31 13 0 CMZ=100%
DZ 51 2 11 38 CDZ=25%
*Grado de homosexualidad según la escala de Kinsey (Kinsey y col. , 1948)
Otros autores con posterioridad obtuvieron valores similares: CMZ=100% y CDZ=12%
lo cual apoyaba la idea de la existencia de un cierto componente genético
como base del comportamiento homosexual. Sin embargo, se suscitaron dudas razonables
que impiden aceptar estos resultados como válidos. Las dudas se deben
al posible sesgo que puede introducirse en los resultados, debido a la influencia
o dependencia mutua que puede darse sobre todo en las parejas de gemelos idénticos,
que comparten un mismo ambiente educativo, familiar, amistades comunes, etc.,
y prácticamente desde el mismo momento del nacimiento, sin olvidar la
existencia del ambiente materno común durante la gestación previo
al nacimiento.
Por ello en los estudios de gemelos es obligado incluir parejas que se hubieran
criado en ambientes distintos, en lugares y en familias muy diferentes. Así
como incluir también estudios de adopción. Por estos y otros motivos,
la realidad es que los primeros estudios realizados con gemelos han sido muy
cuestionados, dándoseles muy poco crédito.
Ya en la década de los noventa, y bajo el influjo de una cierta presión
social, se reactivan este tipo de estudios. De esta manera se analizan los rasgos
de comportamiento homosexual en gemelos tanto varones (Pillard y Weinrich 1986)
como mujeres (Bailey y col., 1991, 1993) . Así, en un trabajo se analizaron
56 parejas de gemelos idénticos, 54 parejas de gemelos fraternos, 57
hermanos adoptados (genéticamente no emparentados) y 142 hermanos normales
(genéticamente emparentados). Las concordancias obtenidas, es decir,
las probabilidades de que siendo homosexual un varón su hermano gemelo
monocigótico, dicigótico, adoptado o normal lo fuese también,
van en descenso, y son respectivamente del 52%, 22%, 11% y 9%. Téngase
en cuenta que la probabilidad de homosexualidad masculina en la población
se ha estimado entre e1 2% y el 5%, y que incluso en círculos gay se
insiste en una proporción más elevada, de hasta el 10%. De ser
tan frecuente como estos grupos interesados hacen constar, el factor ambiental,
educación e influencias, podría explicar por sí solo la
incidencia de la homosexualidad.
Por su parte, LeVay y Hamer resumen los resultados de las investigaciones con
gemelos realizados por diferentes autores, y señalan, que
· en el caso de gemelos monocigóticos homosexuales la probabilidad
de que sus otros hermanos gemelos sean también homosexuales es del 57%,
mientras que en el caso de gemelos dicigóticos homosexuales es del 24%
y del 13-14% el de hermanos no gemelos y adoptados, y
· los datos de homosexualidad en mujeres indican que los porcentajes
de hermanas lesbianas son de un 48% para el caso de gemelas idénticas,
de un 16% para el de gemelas fraternas, del 13% de hermanas no gemelas, y solo
el 6% de las hermanas adoptadas
En el congreso Anual de la American Society of Human Genetics
(ASHG), celebrado en octubre de 1996 en San Francisco, J. Michael Bailey de
la Northwestern University, presentó un trabajo relacionado con un estudio
del comportamiento del carácter en gemelos australianos, en el que se
demostraba que la concordancia de la homosexualidad masculina en gemelos separados
y adoptados en diferentes familias era de tan solo el 20%, siendo del 0% para
gemelos dicigóticos. La concordancia para mujeres según estos
autores era del 24% para gemelos idénticos, y del 11% para gemelos dicigóticos.
Bailey concluyó que había muy serias dudas sobre los antecedentes
de este tipo de estudios y que sus propios datos daban unas concordancias muy
bajas como para apoyar la hipótesis de una base genética de la
homosexualidad. En el mismo congreso, George Ebers del Hospital Universitario
de London, en Ontario (Canada), encontró una proporción de concordancia
del 0% para la homosexualidad en una serie de estudios con gemelos idénticos.
Del mismo modo, en un panel sobre el determinismo genético de la homosexualidad
en el Congreso de la American Society of Human Genetics, los genéticos
Neil Risch y Frank Greenberg previnieron contra la creencia en el "determinismo
genético", en base a las informaciones fragmentarias y muchas veces
contradictorias actuales.
En la siguiente Tabla vemos los resultados dela concordancia de diversos caracteres
en parejas de gemelos monocigóticos (MZ) y dizigóticos (DZ):
Carácter Concordancia
MZ DZ
Grupos sanguíneosColor de los ojosRetraso mental Homosexualidad*Epilepsia
ideopáticaEsquizofreniaDiabetesPresión sanguínea Alergia
idénticaTuberculosisCáncer de mama 10099970-1007269656359576 6628370-25151018365233
*Mayor a menor grado de según la escala de Kinsey (Kinsey y col. , 1948)
Estos datos revelan varios hechos. En primer lugar la enorme diferencia de resultados
obtenidos por diversos autores en cuanto a la concordancia del carácter
homosexualidad entre gemelos monocigóticos y dicigóticos. En segundo
lugar, si tomamos como válidos los resultados de mayor concordancia,
se podría pensar que en efecto hay una componente genética, por
la diferencia de los resultados de concordancia entre los MZ y DZ. Sin embargo,
hay que tener en cuenta que de todos los factores incluidos en la tabla, la
homosexualidad es el único referido a un rasgo del comportamiento, y
por ello el único influenciable tras el nacimiento, sometible a la imitación
de comportamiento, el mimetismo usual de los gemelos. Los resultados por tanto,
no son concluyentes de lo que se pretende, sino más bien de todo lo contrario:
se trata de un carácter adquirido, no innato. Los demás caracteres
son rasgos físicos constitutivos de cada individuo, y por tanto no sometibles
a aprendizaje.
También cabría preguntarse ¿por qué las proporciones
de concordancia son tan diferentes en los diferentes estudios con gemelos?.
Es necesario tener en cuenta el hecho de la ya de por sí baja proporción
de homosexuales, a lo que se une la baja proporción del gemelismo. Muchos
estudios están basados en una muestra de 40 a 60 parejas de gemelos como
mucho. Aún en un famoso estudio de gemelos de Minnesota, que incluía
una muestra de 8.000 parejas de gemelos nacidos entre el 1936 y 1955, sólo
alrededor del 2-5% de los individuos eran homosexuales, incluyendo tanto varones
como mujeres. Por otra parte, los gemelos criados en ambientes separados son
casos aún más raros. Además, es bastante difícil,
evaluar las diferencias o las similitudes culturales o educativas en los ambientes
familiares en los que estos gemelos separados crecen. Sin embargo, sabemos que
las agencias que se dedican a la adopción tienden a buscar ambientes
semejantes para los gemelos que se van a adoptar por familias diferentes. A
la vista de todo esto, dada la finitud de las muestras y la posible similitud
de los ambientes de crianza de los gemelos adoptados por familias distintas
no es de sorprender que los estudios con gemelos sean finalmente inconclusos
y poco convincentes.
En Genética cuantitativa se utiliza también el parámetro
heredabilidad, que es un indicativo de la proporción de variación
fenotípica de un carácter observado en la población que
es atribuible a la variación genotípica. Pues bien, LeVay y Hamer
señalan lo siguiente:
· En conjunto, la heredabilidad del carácter "orientación
sexual" resulta ser de un 53% (con un rango de variación del 31%
al 74%) en varones y de un 52% (27- 76%) en mujeres.
Se trata por tanto de una heredabilidad media-baja, lo que significa que de
darse crédito a los resultados con gemelos estaríamos hablando
de un carácter cuantitativo, que no se olvide tiene una importante componente
ambiental.
Otro hecho de importancia, es el de la propia inconsistencia del carácter
del comportamiento homosexual, muy demostrativo de la manifiesta influencia
externa (amistades, ambiente social y cultural, carencia de una educación
sexual adecuada, etc.). Un carácter genético en sí mismo
es un carácter estable, que siempre dará un tipo de manifestación
determinada, pero nunca la contraria. Un gen, o sistema genético, está
activo y manifiesta su expresión en una dirección dada, de acuerdo
con el "alelo" o "interacción alélica" que
tenga un individuo. De este modo se mantendrá la expresión del
carácter mientras dure su necesaria contribución a una fase del
desarrollo, una especialización celular (gen de la insulina en las células
del páncreas, gen de la mioglobina en el músculo, etc.). No se
va a desviar hacia el efecto contrario, en todo caso se reprimirá su
expresión, cuando se agote su papel en el desarrollo. Sin embargo los
psicólogos y psiquiatras que tratan o han tratado a gays y lesbianas
manifiestan que este comportamiento es muy inestable. El propio Simon LeVay
manifiesta que "Una orientación sexual de una persona no es necesariamente
un atributo fijado a largo plazo. La orientación sexual puede cambiar:
por ejemplo, una mujer puede mantener una atracción por los hombres durante
mucho tiempo, y quizás puede constituir un matrimonio feliz y tener hijos,
y en un momento dado, hacia los treinta, cuarenta años, o más,
empezarle a sobrevenir un cambio que puede ir incrementándose, en la
dirección de sentir una atracción por personas de su mismo sexo.
Esto no significa que esta persona haya tenido reprimida su homosexualidad durante
el período inicial. Argüir que ella era homosexual todo el tiempo
sería convertir la definición de orientación sexual en
algo oscuro e inaccesible".
Existen evidencias de la posibilidad de reversión de la condición
homosexual a heterosexual, de lo que los psiquiatras que han tratado muchos
casos pueden dar sobrados testimonios. Si se asume un cambio tan radical del
carácter, hay que asumir que este comportamiento no obedece a una tendencia
innata o genética, sino en todo caso a la componente no hereditaria,
fuertemente ambiental, mediando la voluntad de quien asume las influencias externas
de carácter educacional o social.
Otro dato sobre la contradicción en que caen algunos de los que defienden
la existencia de una base genética de la homosexualidad, la protagoniza
Alfred Kinsey, considerado el promotor de los movimientos de gay en EE.UU.,
en los años cincuenta. Kinsey y sus colegas señalan que "si
todas las personas con alguna sospecha de comportamiento homosexual, o declaradamente
homosexuales, fuesen eliminadas de la población actual, no existen razones
para creer que la incidencia de la homosexualidad en la siguiente generación
fuese materialmente reducida", y añaden que "la homosexualidad
ha formado parte desde siempre de la historia de la humanidad, porque forma
parte de la expresión de las capacidades básicas del animal humano".
Aparte de lo degradante que representa el hablar del animal humano, sorprendería
a cualquier genético, y hasta al propio Darwin que de genética
sabía poco, el dilema de conseguir que mediante un proceso de selección
en contra de un carácter que se pretendiera que tiene base genética,
no se consiguiese su reducción material en la siguiente generación.
Una pretensión así haría sonrojar a cualquier conocedor
de los más elementales principios de la Genética. Lo que Kinsey
y sus colegas están diciendo es precisamente lo contrario de lo que desea
oír la comunidad gay, que la homosexualidad no es genética, sino
ambiental. Que rebrotaría en la siguiente generación, aun habiendo
sido eliminados de la población todos los potenciales transmisores de
los genes responsables de tal comportamiento, y con ellos los propios genes.
Estudios genealógicos
Un segundo método de análisis se basa en los estudios de herencia
familiar.
De este modo, se ha constatado que los varones homosexuales tienen normalmente
más hermanos gays que hermanas lesbianas, y que las mujeres homosexuales
tienden a tener más hermanas lesbianas que hermanos gays, lo que parece
indicar que los factores responsables del carácter homosexualidad deben
ser diferentes en varones que en mujeres.
En 1993, el equipo de Dean H. Hamer, director de la Sección de Estructura
y Función Génica, del National Cancer Institute, en La Jolla,
estudió las genealogías de una muestra de varones homosexuales,
obteniendo los resultados que se registran en la siguiente Tabla.
Parentesco Homosexual/ Total %
Probandos al azar ((n=76)*
Padre 0/75 0
Hijo 0/6 0
Hermano 14/104 13,5
Tio materno 7/96 7,3
Tio paterno 2/119 1,7
Primo materno, hijo de tia 4/52 7,7
Primo materno, hijo de tio 2/51 3,9
Primo paterno, hijo de tia 3/84 3,6
Primo paterno, hijo de tio 3/56 5,4
Probandos hermanos de homosexuales (n=38)**
Tio materno 6/58 10,3
Tio paterno 1/66 15
Primo materno, hijo de tia 8/62 12,9
Primo materno, hijo de tio 0/43 0
Primo paterno, hijo de tia 0/69 0
Primo paterno, hijo de tio 5/93 5,4
*Probandos homosexuales estudados sin conocimiento previo de la historia familiar
de orientación sexual.
**Probandos homosexuales elegidos por tener un hermano homosexual
y no haber indicación de transmisión de padres a hijos, y no tener
más de una pariente lesbiana.
Se registró hasta donde se pudo conocer la conducta sexual de los parientes
más próximos. Para la interpretación de los resultados,
la clasificación como homosexual de cada persona se hizo con criterios
restrictivos (severidad 5-6 de la escala de Kinsey). Por otra parte, se hizo
una estimación de la frecuencia de varones homosexuales en la población,
que resultó ser de un 2% (14 de 717). y se constató que los varones
gay tenían más parientes gays entre los familiares por el lado
materno (tios maternos: 7%; primos maternos hijos de tía: 8%; hermanos:
14%), que entre los del lado paterno.
De los datos de este estudio de Hamer se deducían las siguientes conclusiones:
· Los hermanos de los 76 probandos homosexuales tendrían una probabilidad
del orden de 6-7 veces mayor que la tasa de homosexualidad de la población
analizada (2%),
· Entre los parientes, los tíos maternos y los primos maternos
hijos de tías, presentaban más tendencia a la homosexualidad,
· Las tasas superiores de homosexualidad encontradas en los parientes
por vía materna sugerían que puede haber una herencia genética
ligada al cromosoma X.
Recordemos no obstante, que las estadísticas de homosexualidad en la
población han sido cuestionadas y también, por motivos de falta
de rigor, lo han sido estos resultados de grupo de Hamer.
Análisis de ligamiento con marcadores moleculares del
cromosoma X
Antes de pasar a exponer los resultados de este tipo de análisis veamos
a qué llamamos "marcador molecular". En primer lugar en genética
se denomina marcador a un rasgo, un detalle en el genoma (normalmente una variación
en una secuencia de ADN), que aunque sea de naturaleza distinto, aparece siempre
asociado ó en unión con el carácter de que se trate. La
ventaja de esta metodología es mayor cuando el carácter visible
a estudiar es complejo, como lo es la homosexualidad, y el marcador que se aplica
es de fácil observación analítica, como son muchos de los
marcadores basados en detalles de secuencias del ADN. En efecto, a partir de
los años setenta, aparecieron los llamados "marcadores moleculares",
que consisten en sistemas polimórficos basados en la detección
de pequeñas diferencias existentes en las secuencias del ADN. Recordemos
al efecto que todo gen tiene cifrado su mensaje en la secuencia de bases que
codifican el carácter que lo caracteriza, y que la secuenciación
de bases nucleotídicas del ADN es posible merced a unas técnicas
desarrolladas a finales de los años setenta. La idea de los marcadores
moleculares por tanto consiste en la búsqueda de los llamados "polimorfismos
moleculares", por medio de la aplicación de una gama diversa de
técnicas, incluida la secuenciación en su caso, para descubrir
el detalle que diferencia un sistema funcional determinado de sus variantes.
En otras palabras se trata de habilitar técnicas de laboratorio para
indagar en el ADN de diferentes individuos, de modo que se distingan los "alelos
moleculares". En el caso que nos ocupa, se trataría de aplicar técnicas
moleculares para indagar en muestras de ADN de hombres y mujeres de variadas
tendencies sexuales, la asociación de las mismas con detalles de la secuencia
de ADN. Uno de los primeros experimentos fallidos en esta dirección fue
hecho por Macke y col. (1993) . Estos autores mantuvieron la hipótesis
de que el gen que codifica para los receptores de andrógenos podría
presentar alguna variación en relación con la orientación
sexual. Tomaron muestras de ADN de 200 personas entre homosexuales y heterosexuales
e hicieron un análisis de variación en las secuencias del gen,
que resultó fallido por cuanto no encontraron ninguna variación
significativa. Las secuencias que determina los receptores de andrógenos
eran idénticas en unos u otros individuos. Hoy en día, tras la
culminación del Proyecto Genoma Humano, cuyo borrador fue publicado en
el mes de Febrero de 2001, se ha abierto todo un mundo de posibilidades para
el diagnóstico de todo tipo de caracteres, siendo del mayor interés
la aplicación al diagnóstico de enfermedades, mediante la utilización
del análisis del polimorfismo de las secuencias asociadas a las mismas.
Nuestro genoma, es singular e invariable, desde la concepción hasta la
muerte, de modo que salvo mutación somática, mantenemos en todas
nuestras células las secuencias de ADN resultantes de la combinación
de los genomas paterno y materno. De este modo, una variante genética
heredada, estará ya en nuestras células desde la primera de ellas,
el cigoto, y seguirá estando en todo el linaje de los millones de células
sucesivas que se van originado a lo largo de la vida por sucesivas replicaciones
y divisiones celulares, hasta la muerte. Es por ello que un análisis
en el ADN tiene un extraordinario interés, ya que permitiría el
diagnóstico de una enfermedad o variación hereditaria, incluso
desde mucho antes de su manifestación Por ejemplo, la enfermedad de Huntington,
que es una enfermedad mental grave, y que se desarrolla tardíamente a
partir de la tercera década de la vida, se puede diagnosticar por marcadores
moleculares desde el nacimiento o incluso antes, mediante el estudio de unas
secuencias del ADN en una región del cromosoma 4 que presenta una expansión
por la repetición de unos tripletes de bases CAG (=Citosina-Adenina-Guanina),
que solo están presentes en las personas que padecen o son portadoras
de esta alteración cerebral neuro-degenerativa. Es evidente, las implicaciones
incluso éticas que se derivan de un diagnóstico de una enfermedad
tan grave como ésta, especialmente si son irreversibles o de difícil
tratamiento. Sin embargo, el diagnóstico es un hecho de gran interés
sí la enfermedad es tratable con farmacoterapia, sí se puede atajar
desde su aparición, o incluso evitar que se manifieste. El proyecto genoma
humano, nos permite además indagar en las causas de muchos tipos de cánceres
debidos a alteraciones de secuencias de ADN que intervienen en el control de
la proliferación celular, y que a diferencia de las enfermedades hereditarias
pueden surgir como consecuencia de una mutación somática a lo
largo de la vida.
Antes de seguir conviene aclarar que el hallazgo de un marcador asociado a un
carácter no implica la existencia de un gen, sino que se ha hecho una
localización de una región del genoma que incluye al propio marcador
y un presunto sistema genético implicado en el carácter que se
investiga. Puede tratarse de un gen "mayor", o de una zona de especial
acumulación de sistemas genéticos "menores" cuantitativos,
o de un gen regulador de la expresión de otros genes externos a la región
y que influyen en el carácter. Estaríamos por tanto, ante la localización
de una región del genoma implicada aunque no se conozca el como afecta
al carácter. No se debe por tanto hablar de la localización del
gen, y menos aún del aislamiento del mismo. Si de cualquier forma se
confirma el hallazgo de la región, habrá que explicar en qué
medida confiere a su portador un riesgo superior a la media de desarrollar el
comportamiento de que se trate. Hecha esta precisión, y como muy bien
señala Bertrand Jordan en un ensayo sobre la impostura en la ciencia
de la genética, debemos insistir en el hecho de que la simple localización
es un dato frágil, ambiguo e insuficiente.
Ante la evidencia de que los varones homosexuales parecen tener más parientes
homosexuales varones en la rama materna de la familia, Hamer y colaboradores
se plantearon hacer una búsqueda de marcadores moleculares ligados al
cromosoma X y específicos de los varones homosexuales. Si el cromosoma
X tuviese un gen que aumentase la probabilidad de que un varón (XY) fuese
homosexual, entonces los varones homosexuales que estuvieran genéticamente
relacionados podrían compartir determinadas secuencias en algún
lugar del cromosoma X que servirían a modo de "marcadores moleculares"
ligados a dicho gen. Por el contrario, si tal gen no existiera, no se podría
encontrar correlación alguna estadísticamente significativa entre
la orientación sexual de la homosexualidad y los marcadores del cromosoma
X
Hamer y su equipo desarrollaron un análisis de ligamiento para determinar
sí había algún marcador del cromosoma X que se heredaba
con una proporción superior al azar en asociación con la tendencia
homosexual. En su trabajo investigaron 22 marcadores moleculares del tipo VNTR
(secuencias cortas repetidas en tandem un número variable de veces) asociados
al cromosoma X, y los aplicaron para el análisis en 40 pares de hermanos
ambos homosexuales y pertenecientes a familias que no mostraban indicios de
transmisión no materna. De esta manera se demostró que había
cinco marcadores pertenecientes a la región Xq28 (región subtelomérica
del brazo largo del cromosoma X) que en 33 de los 40 pares de hermanos analizados
segregaban conjuntamente con la orientación homosexual. Los 17 marcadores
restantes no mostraban ligamiento con el comportamiento homosexual. El análisis
genético realizado indicaba- un nivel de significación estadístico
de más del 99% de que al menos un tipo de comportamiento homosexual masculino
estaría ligado a estos marcadores moleculares, y por lo tanto genéticamente
condicionado. Sin embargo, la existencia de 7 pares de hermanos homosexuales
en los que no se daba el ligamiento entre los marcadores de la región
Xq28 y la orientación sexual ponía en entredicho las posibles
conclusiones. Solo podría explicarse por la homocigosidad de las madres
respectivas, lo cual es muy improbable dada la elevada variabilidad de los sistemas
polimórficos utilizados. También se podría esgrimir la
posible recombinación entre el marcador y el locus del gen responsable
del comportamiento homosexual, pero 7/40 es una elevada tasa de recombinación
para un sistema que se desee utilizar como marcador. Otras razones, como la
heterogeneidad genética o causas no genéticas que producen variación
en la orientación sexual, llevan la interpretación de los resultados
al terreno de su propia inutilidad en aquello para lo que se pretendía
demostrar.
¿Qué interpretación se puede dar a los resultados obtenidos?.
Hay que resaltar la apariencia de prudencia con que Hamer interpreta sus propios
datos, tanta prudencia que le lleva a plantear su repetición para ratificar
las conclusiones. Por otra parte, es de señalar que la región
Xq28 está constituida por unos cuatro millones de pares de bases, lo
cual a la luz de lo que sabemos del Genoma Humano (unos 70.000 genes en 3.175
megabases de secuencias de ADN), podría traducirse en unas decenas de
genes. La región Xq28 es de hecho una región donde se han encontrado
genes implicados en diversas enfermedades (hemofilia, deficiencias para G6PDH,
varios tipos de daltonismo, favismo, síndrome del fragil X, etc.). Es
pues evidente, que se trata de una región muy importante en un conjunto
diverso de manifestaciones fenotípicas. De los datos experimentales no
se puede deducir aún la importancia cuantitativa de la información
genética contenida en la región Xq28 en la manifestación
de la orientación sexual de los varones. No puede decirse -como difundieron
de inmediato los medios de comunicación- que ya se haya detectado el
"gen gay". En cualquier caso, sí hubiese alguna influencia
de la región Xq28 en la orientación sexual, tal vez debía
hablarse más de una región del genoma que estaría implicada
en una predisposición a un amplio abanico de diversas alteraciones físicas
y psíquicas, que a una determinación genética directa por
un gen, en cualquier caso no demostrado. Tal predisposición, sería
muy dependiente de otros factores de desarrollo, de tipo fisiológico
interno, o de influencias familiares o sociales o culturales.
En la misma línea de resultados contradictorios, en relación con
la posible transmisión materna por la vía del cromosoma X, está
el trabajo de William J. Turner , un profesor de psiquiatría de la Universidad
de Nuevo México. En su estudio analizó 256 familias de varones
homosexuales y encontró que la madre de los homosexuales tenía
más hermanas que hermanos en una proporción tal que el 50% de
los varones concebidos en la generación de la madre no llegaban a término.
Así por ejemplo, en la muestra analizada aparecían sólo
210 tíos frente a 320 tías, lejos por lo tanto de la proporción
equitativa esperada. Entre los familiares de las madres de los varones gays
investigados había más abortos en los familiares de los padres,
muchos más suicidios, más infertilidad, y muchos más casos
de personas que no alcanzaban la edad de 30 años, casos de ceguera para
los colores, adrenoleucodistrofia, síndromes del frágil-X y otras
alteraciones determinadas genéticamente y asociadas al Xq28. Para Turner,
todos estos datos apuntan a un determinismo genético claro, de manifestaciones
diversas incluida la orientación sexual. Turner, llega a proponer la
existencia de un gen o genes sobre los cromosomas X e Y causantes de la heterosexualidad.
Estos genes podrían estar desactivados por fenómenos de metilación
dando lugar al comportamiento homosexual en una u otra dirección, masculino
ó femenino. La hipótesis de Turner apunta hacia la existencia
de repeticiones en tandem de tripletes de bases nucleotídicas (microsatélites)
como condicionante de la desactivación de los genes normales de la heterosexualidad.
A mayor número de repeticiones en tandem, más acusada sería
la metilación de la región génica en cuestión y
como consecuencia mayor sería la inactivación del gen responsable
de un comportamiento heterosexual. Si el número de repeticiones es demasiado
elevado, entonces su efecto podría ser letal, lo cual explicaría
el hecho de por qué muchos hermanos de las madres de homosexuales mueren
antes de nacer. De acuerdo con la hipótesis de Turner la homosexualidad
se trasmitiría de madres a hijos e hijas, no por un exceso de sobreprotección,
o alguna otra causa de lo que se ha dado en llamar la homosexualidad de crianza,
sino como consecuencia de lo que el Dr. Turner denomina el "gen de la homosexualidad"
(=gene for gender) con locus en la región Xq28. Es importante señalar
que esta hipótesis no ha sido aun demostrada.
En contraposición con los trabajos de Hamer y Turner, en 1996, surgió
un trabajo de unos neurólogos clínicos canadienses, desarrollado
en muchos más grupos familiares que los estudios anteriores y que no
demuestran ninguna relación entre el comportamiento homosexual y los
pretendidos marcadores moleculares. En su estudio, los Dres. George Rice y George
Ebers , profesores de neurología de la Universidad Oeste de Ontario,
en Canadá, registraron familias con más de un miembro homosexual,
referidas a más de 400 genealogías y concluyeron que no existe
ningún soporte experimental que demuestre la idea de que la homosexualidad
masculina se encuentre asociada a marcadores Xq28, del cromosoma X.
Los citados autores utilizaron métodos similares a los de Hamer, y encontraron
que la probabilidad de compartir los marcadores Xq28 en los hermanos de personas
homosexuales no era mayor de la esperada por azar, y que ni siquiera había
indicios de lo que podría ser una predisposición. En palabras
del Dr Rice "los resultados de Hamer no proveen un soporte fuerte a la
idea del ligamiento", y la evidencia aportada "sugiere que si existiese
algún ligamiento (entre los marcadores moleculares y la homosexualidad)
es tan débil que no puede considerarse". Otra crítica importante
que se hizo al trabajo de Hamer, es que éste carecía de un grupo
control. Es decir de referencias obligadas en que apoyar por contrastación,
los resultados cuantitativos obtenidos.
Además, la veracidad del trabajo del grupo del Dr. Hamer fue puesta en
entredicho en un artículo de investigación periodística
que apareció en el Chicago Tribune en junio de 1995, y en el que una
investigadora anónima del equipo alegaba que en la presentación
de los datos de la publicación se habían seleccionado los datos
y ocultado algunos resultados. El hecho de que esta denuncia partiera de un
miembro del grupo de investigación del propio Hamer, echa por tierra
la credibilidad de su trabajo. El hecho tuvo trascendencia para la denunciante
que vio cortada su beca post-doctoral en el laboratorio del Dr. Hamer.
Finalmente, aparte de lo poco convincentes trabajos de neuroanatomía
y genealógicos, ha habido otra serie de disparatados argumentos que pretenden
demostrar la base biológica de la homosexualidad. Si los traigo a colación,
a pesar de la debilidad o ausencia de un mínimo de rigor en el planeamiento
empírico, es para que ustedes tengan una idea completa de que en este
tema, probablemente más que en ninguno otro de la investigación
biomédica, se ha fomentado un seudocientifismo argumentativo, con poca
base empírica, escaso rigor en la búsqueda y estudio de las muestras
y sesgo interpretativo al servicio de la causa "políticamente correcta",
a favor de una presentación de los gays y lesbianas como un producto
de su naturaleza biológica, y no como una desviación moral, o
como fruto de una conducta intrínsecamente inmoral. Por ejemplo, Lee
Ellis publicó un estudio que indicaba que si una madre experimentada
un fuerte estrés durante el segundo trimestre del embarazo, tendría
una probabilidad más elevada de lo normal de tener varones que llegaría
a ser homosexuales cuando alcanzaran la madurez. En otros estudios se ha pretendido
ver una relación en la líneas de las huellas de la palma de la
mano derecha, que en los homosexuales, se pretende son más parecidas
a las de las mujeres que a las de los varones heterosexuales, etc.
Para terminar nos podríamos preguntar sobre el sentido biológico
de la homosexualidad. En biología, y más en concreto en la rama
llamada Genética Evolutiva, se conoce que la selección natural
tiende a cribar las poblaciones y eliminar de ellas las variantes genéticas
negativas o contrarias a la capacidad reproductiva, también conocida
como eficacia biológica, lo que constituye la base de la teoría
de la evolución de Darwin.
Parece lógico admitir que las personas homosexuales tienen menos descendencia
que las heterosexuales. Es decir tendrían disminuida su eficacia biológica.
¿Como se habrían mantenido entonces los pretendidos genes de la
homosexualidad en las poblaciones humanas, en el caso de existir?. La lógica
darwiniana contradice una base genética de la homosexualidad. De todas
formas podríamos pensar que hubiese habido una selección a favor
de los heterocigotos. Un fenómeno que se da en biología para numerosos
caracteres, y que se conoce con la terminología de superdominancia. Se
trata de casos en que la heterocigosidad aumenta la supervivencia por el efecto
compensado de dos alelos con efectos en cierta medida contrapuestos respecto
a caracteres diferentes, como ocurre con los heterocigotos para el sistema genético
que codifica para ciertos tipos de la globina b. De este modo, existen variantes
del gen que codifica esta proteína fundamental para el transporte de
oxígeno en la sangre, de las que son bien conocidas las variantes codificadas
por los alelos alternativos HbA y HbS. Los heterocigotos con genotipo HbAHbS,
tienen mayor eficacia biológica que los homocigotos HbAHbA y HbSHbS ,
en regiones donde la malaria es endémica, dado que los dos genotipos
homocigóticos plantean desventajas a sus portadores. Los HbSHbS , por
conducir a un cuadro grave de anemia debido a la eficiencia del transporte de
oxígeno de sus glóbulos rojos falciformes, y los HbAHbA, por su
mayor susceptibilidad a la malaria. Pues bien, en el caso de la homosexualidad,
el propio carácter atenta directamente a la capacidad reproductiva. No
hay ninguna demostración experimental de la ventaja adaptativa de los
presuntos heterocigotos, y el sistema genético es cuantitativo, y por
tanto más complejo que el ejemplo de los tipos de globina indicado anteriormente.
No hay tampoco estadísticas demostrativas de que las poblaciones con
mayor o menor índice de homosexualidad muestren mayor o menor resistencia
o adaptación a algún factor limitante del desarrollo.
También se ha especulado con que se diera una selección familiar.
De modo que en una sociedad humana primitiva los individuos homosexuales, al
no tener hijos propios, podrían ayudar al cuidado y desarrollo de los
hijos de sus parientes, de manera que se compensara el menor número de
descendientes de los homosexuales con el aumento de la probabilidad de supervivencia
de sus sobrinos, primos, etc.. de este modo, podría pensarse en una selección
favorable de los presuntos genes que predispusieran la homosexualidad. De ser
esto cierto, la evolución cultural, que se ha impuesto a la biológica
habría terminado con la tendencia de una selección favorable.
Conclusiones
Son todavía muchas las incógnitas por resolver, pero desde un
punto de vista genético podríamos mantener las siguientes conclusiones
relativas al determinismo genético de la homosexualidad:
· La singularidad humana hace que en nuestra conducta predominen las
acciones razonadas frente a las instintivas o reflejas, y la conducta homosexual
puede explicarse fundamentalmente por el componente ambiental que influye de
forma muy decisiva en los caracteres cuantitativos, como lo son básicamente
los de comportamiento. En el caso de factores de comportamientos humano, y de
forma predominante, influye la formación adquirida a través del
ambiente familiar, social y cultural.
· La homosexualidad se trata de un carácter de comportamiento,
complejo y de manifestación cuantitativa, con una heredabilidad media-baja,
con una importante componente ambiental.
· Aun cuando los rasgos genéticos y neuroanatómicos parecieran
estar correlacionados con la orientación sexual, la relación causa-efecto
no está ni mucho menos demostrada, los trabajos adolecen de claridad
por la finitud de las muestras y por los dudosos efectos secundarios debidos
a la procedencia de las mismas.
· Los trabajos de localización de marcadores asociados a la homosexualidad
en la región cromosómica Xq28, son poco rigurosos, escasos y adolecen
de confirmación, y no implican la localización de un gen gay,
No se han descubierto genes mayores ni se ha demostrado la existencia de una
determinación genética por genes cualitativos.
Para finalizar, se podría afirmar que todos los intentos de demostración
de un determinismo genético de este tipo de conducta, adolecen de seriedad
y rigor, y no han aportado ningún tipo de evidencia convincente. Tras
dos años de conocimiento del genoma, que se supone ha amplificado las
posibilidades de tal empeño, la situación es la misma... No hay
tal evidencia, y el carácter o la condición genética de
la homosexualidad es más fruto de un deseo que de una realidad. Con la
evidencia actual y sin perder de vista lo que pudiera surgir, hemos de mantener
que el homosexual no nace, sino que se hace. De este modo, mientras continúan
los esfuerzos por repetir los experimentos o diseñar otros nuevos, tenemos
que resistir la tentación de tomar los resultados de lo que ya se ha
hecho por algo más que meras aproximaciones. Como señala William
Byne, en el trabajo citado anteriormente, quizá lo más importante
es que nos preguntemos ¿por qué nos sentimos todos tan visceralmente
involucrados en estas investigaciones?. ¿Influirá en la postura
adoptada cómo nos percibimos a nosotros mismos o a los demás?,
¿cómo vivimos nuestras propias vidas y deseamos que los demás
vivan las suyas?. Tal vez las respuestas a las preguntas más urgentes
de este debate no residan tanto en la biología o en la genética,
cuanto en las culturas o en las circunstancias que una construcción social
bastante vacía de valores esta contribuyendo a crear.